Autismo mal diagnosticado en adultos

15 de mayo de 2026
Personas adultas en una terapia por tea
Personas adultas en una terapia por tea

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Encontrarse con un diagnóstico equivocado de autismo en personas adultas no es tan extraño como puede parecer. Personas que llegan después de años de terapia, con varios diagnósticos distintos a sus espaldas, con enfoques erróneos en su tratamiento, agotadas y con una sensación enorme de no encajar. Todo por un mal diagnóstico, por no saber ver la realidad de su situación.

El problema no es que no hubiese síntomas sino la forma en la que estos se han venido interpretando: ansiedad, depresión o conflictos relacionales, pero sin saber ver qué hay en la base.

Por qué el autismo en personas adultas suele recibir otros diagnósticos antes

Uno de los factores que más influye en los errores diagnósticos son las estrategias de enmascaramiento o masking (de las que ya hablé recientemente en otro artículo), sobretodo en mujeres. Estas estrategias de compensación dificultan la identificación de ciertos rasgos y hacen que se confundan con otros diagnósticos como son la ansiedad o la depresión.

A veces se tiende a poner el foco en lo más visible y se escapa la base de toda esa sintomatología. Si hay ansiedad, fobias, crisis emocionales, patrones rígidos…esto se queda en la superficie y no se indaga más en el motivo por el que han aparecido.

Tengo en mente muchos casos de adultos diagnosticados tardíamente, que se hubiesen ahorrado años de sufrimiento y de tratamientos mal enfocados, de haberlos detectado antes.

Recuerdo el caso de un hombre de 42 años, ingeniero, que había pasado por tres diagnósticos distintos. Llegó agotado, convencido de que “algo no cuadraba”. No era una cuestión de síntomas nuevos, sino de sentido global. Cuando exploramos su historia desde un enfoque de espectro autista, todo empezó a encajar sin forzarlo.

Trastorno límite de la personalidad como diagnóstico previo en mujeres autistas

Existen muchos TEA que han sido previamente diagnosticados con algún trastorno de la personalidad (erróneamente) como puede ser el Trastorno Límite de la Personalidad, aunque también suele confundirse el autismo con trastornos de la personalidad del Clúster A (trastornos de la personalidad esquizoide y esquizotípico) y del C (TP obsesivo compulsivo y TP evitativo).

Esto es debido al solapamiento de algunos rasgos como son por ejemplo los comportamientos restringidos (presentes en el TP obsesivo compulsivo), la evitación de las relaciones sociales (propias también de un TP evitativo), las dificultades de comunicación e interacción social (TP esquizoide) o la desregulación emocional (muy común también en el TP límite).

La clave aqui reside en hacer un buen diagnóstico diferencial para poder esclarecer si estos comportamientos son debidos a un Trastorno de la Personalidad o a un Autismo.

En mujeres suele confundirse bastante el Autismo con el Trastorno Límite de la Personalidad debido a esa intensidad emocional, relaciones complejas e identidad inestable.

mujer adulta realizando una teapia para personas con tdah

Ansiedad social y depresión recurrente como pantalla del autismo no detectado

Muchas de las conductas de evitación social presentes en el autismo son etiquetadas bajo el término «ansiedad social» de forma errónea. Evitar reuniones, contacto social, u otras interacciones, no por miedo (tal y como pasa en la fobia social) sino por una dificultad real en las habilidades sociales.

Lo mismo pasa con la depresión, cuando aparece en estos perfiles como consecuencia de esa adaptación continua, de ese esfuerzo recurrente por encajar, de su forma de procesar y de su sensibilidad. Llega un punto en que no se puede sostener y aparece ese sentimiento de desesperanza, de decaímiento.

Hace poco trabajé con una mujer que había tenido tres episodios depresivos severos. Al explorar su día a día, lo que aparecía no era tristeza constante, sino una fatiga social y un gran sentimiento de no encajar, de no saber ubicarse. 

Diferencias entre el TOC y la rigidez cognitiva propia del autismo

Tanto en el TOC como en el Autismo, conviven conductas repetitivas y rígidas, así como la inflexibilidad cognitiva. La diferencia está en el origen y el motivo de estas conductas. En el TOC buscan reducir la ansiedad y las preocupaciones, mientras que en el autismo el objetivo es regularse, organizarse.

En el TOC hay intrusión, malestar y necesidad de neutralizar. La persona no quiere pensar eso, pero no puede evitarlo. En el autismo, la repetición suele generar sensación de bienestar.

Es importante en consulta saber diferencias ambos cuadros para que la intervención sea la adecuada, de lo contrario puede generar más sufrimiento y prolongar el malestar.

Cómo plantear una reevaluación cuando el diagnóstico actual no encaja

Si como clínicos sospechamos que el diagnóstico con el que viene la persona puede que no sea acertado, conviene plantear una nueva evaluación. Revistar la historia de vida de la persona, los patrones en sus relaciones, la forma de procesar la información, de desenvolverse… ayudarán en el inicio de este nuevo planteamiento.

Es muy importante que se haga por parte de profesionales especializados en este ámbito ya que de ellos depende hacer un buen diagnóstico diferencial y entender bien el origen del malestar que arrastra la persona.

De la misma forma, si es la propia persona quien siente que los distintos diagnósticos que ha recibido nunca han encajado bien en lo que siente, es necesario que plantee una nueva evaluación, de forma que pueda reconstruir su narrativa personal, exponer los síntomas y encuadrar todo en su conjunto.

Encontrar cuál es el diagnóstico real es el punto de partida de todo tratamiento.

Imagen de Joana Bofí
Joana Bofí

Directora de Método Divergentes y Psicóloga Clínica Infantojuvenil

colegiada nº CV12247

Cuenta con una sólida formación académica, destacando su Licenciatura en
Psicología por la Universitat de València, Máster en Psicología General Sanitaria y diversos másteres especializados en el ámbito infantojuvenil. Joana canaliza su experiencia para ofrecer soluciones integrales a los trastornos infantojuveniles y brindar apoyo a aquellos con altas capacidades intelectuales, su campo de especialidad.

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