El masking en autismo es una realidad que observamos mucho en consulta en las personas adultas con autismo, especialmente en mujeres. Consiste en ocultar o compensar rasgos autistas (muchas veces de forma inconsciente) para encajar dentro de lo que en el entorno se considera «normal». Es una estrategia que requiere un gran esfuerzo y que en la mayoría de los casos provoca agotamiento, sin que la persona sepa identificar por qué.
Qué es el masking en personas autistas adultas
Cuando nos referimos a masking en autismo en adultos, hablamos de conductas y actitudes de continua adaptación. De anticipar, observar, copiar y forzar lo que no se es de forma casi constante.
El masking suele empezar desde muy temprano y de forma inconsciente, por este motivo muchas veces se dificulta la identificación por parte del entorno (familia, centro escolar…). Desde la infancia aprenden a observar conductas sociales, gestos, conversaciones y expresiones que luego copian.
Estas conductas suelen ayudarles «funcionalmente» pero a nivel interno les genera un gran malestar, agotamiento y sensación de estar interpretando un papel continuamente.
Comportamientos habituales de camuflaje en la vida social
Las conductas que más se suelen copiar o imitar normalmente son el contacto visual, el tono de voz, reír en momentos que no se acaban de comprender o tener frases hechas para determinadas situaciones que saben que encajan.
Otro aspecto que observo mucho en sesión es la inhibición de conductas espontáneas. Movimientos repetitivos, formas propias de expresión o necesidades sensoriales se reprimen para evitar llamar la atención. Ocultar ciertas preferencias o gustos para no resultar «raros» a los demás, comportarse de forma socialmente esperable aunque no sea tal y como lo harían, también son formas de enmascarar.
Sintetizándolo mucho, el masking es como ponerse una mascara que oculte quién realmente son, como interpretar un papel, para ser aceptados.
Por qué el masking pasa más desapercibido en mujeres autistas
En consulta encontramos muchas mujeres que no han sido detectadas a lo largo de su vida y es precisamente porque son las que más estrategias de masking utilizan.
Normalmente han desarrollado una gran capacidad de adaptación social desde bien pequeñas. Aprenden rápido a «ser correctas», qué comportamientos son aceptados y cuáles no y a ajustar su conducta en base a esto. Suelen intentar cumplir expectativas, agradar, evitar conflictos y encajar.
Las consecuencias de ello suelen ser una sensación de «no saber quién soy realmente” o de sentirse agotadas después de interacciones sociales que, aparentemente, han ido bien.
También influye el componente cultural. A las mujeres se les ha exigido históricamente una mayor habilidad social y emocional, lo que favorece que desarrollen estrategias de compensación más sofisticadas. Esto contribuye a que el masking en autismo sea menos visible y, por tanto, menos identificado.

Cómo empezar a trabajar el masking con apoyo profesional
Cuando trabajamos el masking en autismo nuestro objetivo no es eliminar toda la adaptación social, sino facilitar las herramientas que permitan desenvolverse socialmente de forma que no genere sufrimiento ni sobrecarga, encontrando un equilibrio más sostenible y coherente con uno mismo.
Lo primero que solemos hacer es ayudar a tomar conciencia e identificar cuándo están enmascarando lo que realmente son. Saber en qué situaciones se están esforzando para parecer distintos.
Una vez se han identificado las situaciones en que aparece el masking, buscaremos formas de comportarse o actuar que vayan más con ellos mismos y a la vez les ayuden socialmente, sin sobrecargarlos. Trabajaremos la reconexión con las propias necesidades, aprender a reconocer cuándo se están agotando, cuándo están incómodos y a desarrollar formas de comunicación más ajustadas a su forma de ser.
Por mi experiencia, cuando una persona empieza a reducir el masking de forma progresiva lo que suele aparecer es alivio. Y, con el tiempo, relaciones más auténticas.



