La sobrecarga sensorial en el autismo a veces no se ve desde fuera. Se siente de forma más discreta: dificultad para mantener una conversación, irritabilidad o ganas intensas de abandonar el lugar en el que se está.
Muchas personas han pasado su vida pensando que esto era ansiedad, mal humor o poca paciencia, cuando en realidad era sobrecarga sensorial.
Comprender el motivo por el que esto pasa es el punto de inicio para aprender a vivir desde la comprensión del propio perfil.
Qué es la sobrecarga sensorial y cómo aparece en la vida cotidiana
La sobrecarga sensorial en personas neurodivergentes ocurre cuando el sistema nervioso recibe más estímulos de los que puede procesar en un determinado momento. Un exceso de luces, sonidos, texturas o sensaciones que pueden acumularse hasta sobrepasar la capacidad de regulación de la persona.
Esta sobrecarga no ocurre siempre bajo las mismas circunstancias. Lo que un día puede resultar llevadero, puede hacerse insostenible en otro distinto.
En la vida adulta, esto puede ser ocasionado por motivos muy diversos: un transporte público abarrotado, unas oficinas abiertas, centros comerciales llenos de gente, con música, luces, etc, comidas familiares o incluso calles llenas de gente y tráfico.
El cuerpo suele mostrar señales que indican que se está sobrecargando, como por ejemplo la tensión corporal, el bloqueo a la hora de expresar lo que se siente, la dificultad para pensar o molestarse por cualquier interrupción.
Quien lo sufre puede cancelar planes o marcharse antes de tiempo, salir del sitio que está saturando. Este agotamiento después de socializar desde fuera puede parecer desprecio o poco interés, pero desde dentro el objetivo es desescalar la desregulación.

Hipersensibilidad e hiposensibilidad: dos caras del procesamiento sensorial
La hipersensibilidad significa que se está percibiendo el estimulo con mayor intensidad, por ejemplo una costura que se percibe más, una luz blanca que provoca dolor de cabeza, o incluso un sonido cotidiano que causa dolor.
La hiposensibilidad en cambio supone sentir cientos estímulos con menor intensidad. Por ejemplo no sentir frío cuando la temperatura empieza a ser baja, o no percibir ciertos sonidos. En estos casos puede haber una búsqueda de movimiento, de presión o de sonidos más fuertes para tener un nivel de activación cómodo.
Tanto la hipersensibilidad como la hiposensibilidad pueden existir en una misma persona, por ejemplo necesitar música o ruido de fondo para concentrarse pero desbordarse al estar en distintas conversaciones a la vez.
En la sobrecarga sensorial en el autismo, también influye el estado físico. El hambre, la falta de sueño, el dolor o la ansiedad pueden reducir mucho la tolerancia habitual.
Sobrecarga auditiva, táctil y visual en personas autistas adultas
La sobrecarga auditiva se refiere no solo al volumen de los sonidos sino también a saber separar o filtrar unos sonidos de otros (una voz del murmullo de fondo, una sirena del ruido de los coches, etc).
Por ejemplo en el contexto laboral, en la oficina conviven sonidos de teclado, llamadas, conversaciones, puertas y sistemas de ventilación. La tarea del cerebro de decidir qué sonidos son importantes y cuales no es lo que consume más energia.
Cuando aparece la sobrecarga sensorial en el autismo, la persona puede oír las palabras sin conseguir procesarlas con claridad. Pedirle que se concentre más no suele ayudar, porque el problema no es la falta de interés.
La sensibilidad táctil hace referencia a sentir la ropa, el cabello, el contacto físico…las caricias o los abrazos pueden resultar molestos incluso si vienen de alguien cercano.
En el plano visual, los fluorescentes, los reflejos, las pantallas y los espacios cargados pueden generar cansancio, mareo o dificultad para pensar. A veces no hay un estímulo insoportable, sino demasiados detalles a la vez.
Sobreestimulación sensorial en personas con TDAH: el cuadro menos conocido
La sobrestimulación tambien puede darse en adultos con TDAH. La dificultad para ignorar estímulos secundarios tambien puede sobrecargar.
Escuchar una conversación en un restaurante e ignorar los demás estímulos resulta a veces complicado en TDAH y esto hace que la persona se sienta mentalmente agotada.
Puede aparecer irritabilidad, impulsividad verbal, bloqueo, llanto o una necesidad intensa de moverse. En ocasiones, levantarse o manipular un objeto ayuda a regular el nivel de activación.
Estrategias de regulación sensorial en la vida adulta
Conocer los propios límites y anticiparse ayudará a evitar el desbordamiento y las crisis sensoriales o meltdown que pueden derivarse de él.. Para ello, conviene observar qué ocurre antes del malestar, el lugar, la hora, la situación y las señales del cuerpo suelen ser similares en estas ocasiones.
Algunas acciones sencillas pueden ayudar a evitarlo, por ejemplo usar auriculares de cancelación de ruido, bajar el brillo a las pantallas, cortar las etiquetas de la ropa, dejar tiempo entre dos eventos o actividades para volver a la calma…
En el entorno laboral también hay acciones que pueden ayudar, como hablar con los compañeros de nuestras necesidades, buscar espacios tranquilos y bajar las interrupciones.
La regulación es individual. Lo que calma a una persona puede molestar a otra. Por eso conviene evitar soluciones rígidas y construir estrategias a partir de la experiencia real.
Cuando la sobrecarga sensorial condiciona el trabajo, las relaciones o el descanso, una evaluación neuropsicológica especializada puede ayudar a ordenar el patrón y diferenciarlo de la ansiedad, el TDAH o el agotamiento.
Comprender la propia sensibilidad no significa vivir con miedo a los estímulos. Significa dejar de llegar siempre al límite y empezar a cuidar el sistema nervioso con más criterio.



